![]() |
En Mayo de 1950, después de siete años de prisión, regresó de Rusia el general Etelvaldo Pascolini, comandante de la División de Vicenza, ciudad al norte de Italia y capital de la provincia del Veneto. Interrogado por un periodista acerca de los primeros momentos del encuentro con su familia, dijo que la primera noche se quedó hablando largamente con su anciana madre, quien cientos de veces interrumpió el relato con preguntas y observaciones. Finalmente, la viejecita se quedó dormida. Entonces él se levantó y fue a hurgar en los bolsillos del único pantalón que usó durante sus cautiverio y que los rusos le dejaron llevarse. Por fin encontró lo que buscaba: un rudimentario rosario que se puso a desgranar hasta el amanecer. ¿Y qué otra cosa podía hacer? Él mismo lo explicó: "Esa corona que yo mismo fabriqué fue mi fiel compañera durante todos esos terribles años de prisión. Fue siempre una fuente de esperanza en medio de la oscuridad. Ahora tengo que usarla bien para darle gracias a Dios y a la Virgen Santísima por mi liberación." (Popolo Nuovo, Mayo de 1950) |