Al presidir una Eucaristía en Lituania, el cardenal Backis hizo la analogía entre la presencia de María de Guadalupe en México y su presencia como Madre de Misericordia, en el Santuario de las Puertas de la Aurora, en las murallas de la antigua ciudad de Vilnius.
“Jóvenes, niños, adultos, los lituanos, desde siempre, dijo el cardenal Backis, han confiado en la madre de Dios a partir del rezo del Rosario. Durante la Segunda Guerra Mundial, los alemanes pedían a los lituanos documentos de identidad. Como muchos no los tenían, enseñaban las cuentas del Rosario. Era suficiente documento de identidad.
“Cuando los soviéticos se hicieron del poder y deportaban a familias enteras –en vagones destinados a los animales– hacia Siberia y otros lugares ignotos, las familias sacaban de sus casas, para que los acompañara en el viaje, el Rosario. A menudo, era lo único que llevaban con ellos.
“Los presos lituanos hacían Rosarios de pan, mojando las migas, secándolas y engarzándolas con un hilo. En casa de mi familia, en Vilnius, conservamos aún un Rosario de eso tiempos».
“La fe de María en la divinidad de Jesús nos anima también a nosotros a creer en el misterio de la Eucaristía, en el pan y el vino que aquí y ahora se convierten en el mismo Jesús».
“Las mamás reconocen a sus hijos perdidos, incluso después de muchos años, por un mechón de pelo o un jirón de su ropa. Se puede apelar al instrumental médico de una investigación criminal, pero nadie ha conseguido engañar hasta ahora el corazón de una madre», reconoció.
“En Vilnius, la capital de mi patria, Jesús enseñó a la santa madre Faustina cómo quería para el mundo la misericordia de Dios», apóstol de la Divina Misericordia, quien tuvo una influencia decisiva en Karol Wojtyla. Este mensaje es especialmente importante y urgente hoy, cuando el mundo se estremece ante el horrible terrorismo y la malicia ciega del hombre. La única salvación posible es la confianza total en la misericordia de Dios.
“El testimonio de la Madre de Dios aplasta el más radical escepticismo. Y María quiere que recemos el Rosario porque quiere mostrar, a través de nosotros, el camino sencillo y directo al corazón del Padre.
“Recemos unidos, con perseverancia, desde las fuentes del Rosario, con palabras que entienden los niños y los ancianos --concluyó--. Y confiemos en que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han implorado la asistencia de María haya sido abandonado”.