
Una vez, un amigo sacerdote me contó una anécdota. Se encontraba rezando el Rosario en su parroquia cuando un hombre se le acercó y le dijo: "Padre: ¿usted reza?". Mi amigo le contestó: "Sí hijo, rezo. ¿Y tú?". A lo que el hombre le respondió con aires de gran místico: "No padre, yo no rezo, yo oro". Entonces el sacerdote reaccionó con simpatía: "Hijo mío, yo lo hago mejor que tú, porque yo, mientras rezo, oro".